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El Científico de la Pesca

Muestra del libro

El Río Siempre
Encuentra Su Camino

Gerardo Góngora Garza

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El Río Siempre Encuentra Su Camino
Capítulo I — El primer amanecer
El agua nunca miente. Eso es lo primero que aprendí, mucho antes de que cualquier libro de biología me enseñara los nombres de las especies que habitaban debajo de su superficie. Aprendí a leerla como se lee el rostro de alguien que conoces bien: en los pequeños movimientos, en el color que adopta según la hora del día, en el sonido que hace cuando pasa sobre las piedras o cuando se detiene en una poza. Mi padre me llevó al río por primera vez cuando tenía siete años. No era un río grande ni famoso. Era simplemente el río que corría detrás del rancho, ese que los viejos del pueblo llamaban "el río chico" aunque para mí, en aquella mañana, era el río más grande del mundo. — Escucha —me dijo, sin señalar nada en particular. Yo escuché. Y por primera vez entendí que el silencio también tiene textura.
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Gerardo Góngora Garza
Los años de doctorado me enseñaron los mecanismos. La temperatura del agua, la salinidad, la oxigenación, los ciclos de alimentación, las rutas de migración. Aprendí a ponerle nombre científico a todo lo que antes solo sentía. Pero ningún laboratorio del mundo me devolvió esa sensación del primer amanecer en el río chico. La ciencia y la pesca no son cosas distintas. Son dos formas de hacerle la misma pregunta al agua: ¿qué hay ahí abajo? Una te da el método. La otra te da la paciencia. Y el río, siempre, eventualmente, te responde.
"El río no te da lo que buscas. Te da lo que necesitas ver."
Esta es la historia de cómo aprendí a escucharlo.
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